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“José Carlos Mariategui y la cultura revolucionaria: Del romanticismo al surrealismo”: Michael Löwy

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Como sus contemporâneos, los jovenes Lukacs, Gramsci ou Walter Benjamin – con los cuales comparte une radical critica à la vision positivista del mundo – José Carlos Mariategui atribuye à la cultura un lugar central en el proyecto marxista de transformacion del mundo. Su intensa actividad politica y sindical no le impide consagrar, en sus proprios escritos asi como en su revista Amauta, una apasionada atencion à la poesia, à la literatura, à las artes y a todos los campos de la actividad cultural. Sus intervenciones en este campo tienen una coloracion explicitamente romantica y revolucionaria. El romanticismo, tal como lo entiende Mariategui, no es una escuela literaria del siglo 19, sino una vision del mundocultural y politica, que se manifiesta no solo en el pasado sino también en el siglo 20.

La visión del mundo romántico-revolucionaria de Mariátegui, resumida con un estilo incandescente en su extraordinario ensayo de 1925,“Dos concepciones de la vida”, propone – en tajante ruptura con la “filosofía evolucionista, historicista, racionalista” y su “culto supersticioso del progreso” – un retorno al espíritu de aventura, a los mitos históricos, al “quijotismo” (término que tomó de Miguel de Unamuno). Dos corrientes románticas, que rechazan la filosofía “pobre y cómoda” del evolucionismo positivista, se enfrentan en una lucha a muerte: el romanticismo de derecha, fascista, que quiere volver a la Edad Media, y el romanticismo de izquierda, comunista, que aspira a la utopía. Despertadas por la guerra, las “energías románticas del hombre occidental” encontraron una expresión adecuada en la Revolución Rusa, que logró dar a la doctrina socialista “una alma guerrera y mística” 1. Si comparamos estas impresionantes y provocadoras afirmaciones con documentos de la Internacional Comunista de la misma época, tenemos una idea de la heterodoxia del marxista Mariategui…

En otro artículo “programático” de la misma época, “El Hombre y el Mito”, Mariátegui se alegra con la crisis del racionalismo y la derrota del “mediocre edificio positivista”. Frente al “alma desencantada” de la civilización burguesa, de la que habla Ortega y Gasset, él se identifica con el “alma encantada” (Romain Rolland) de los creadores de una nueva civilización. El mito, en el sentido soreliano, es su respuesta al desencanto del mundo y la pérdida del sentido de la vida. Por ejemplo, en este pasaje extraordinario, lleno de exaltación romántica, que parece prefigurar la teología de la liberación, el mito y la fe – con un significado profano, secularizado – aparecen como las principales calidades del espíritu revolucionarios :

La inteligencia burguesa se entretiene en una crítica racionalista del método, de la teoría, de la técnica de los revolucionarios. ¡Que incomprensión! La fuerza de los revolucionarios no está en su ciencia; está en su fe, en su pasión, en su voluntad. Es una fuerza religiosa, mística, espiritual. Es la fuerza del Mito. La emoción revolucionaria, como escribí en un artículo sobre Gandhi, es una emoción religiosa. Los motivos religiosos se han desplazado del cielo a la tierra. No son divinos, son humanos, son sociales”2.

Por supuesto, el romanticismo para Mariátegui es no solo filosófico, político, social, sino tambiéncultural y literario. El campo cultural romántico se encuentra atravesado por un corte, una escisión tan radical como aquella entre los dos romanticismos políticos: por un lado el romanticismo antiguo – a veces él lo llama simplemente “el romanticismo” – y por el otro, el nuevo romanticismo, o “neo-romanticismo”. El romanticismo antiguo, profundamente individualista, es producto del liberalismo del siglo XIX: uno de sus últimos representantes en nuestra época es Rainer María Rilke, cuyo subjetivismo extremo y lirismo puro se satisfacen en la contemplación. Ahora, en el siglo XX, “nace un nuevo romanticismo. Pero éste no es ya el que amamantó con su ubre pródiga a la revolución liberal. Tiene otro impulso, otro espíritu. Se le llama neo-romanticismo”3. Este nuevo romanticismo, post liberal y colectivista, está íntimamente ligado a la revolución social, según Mariátegui.

José Carlos Mariategui y la cultura revolucionaria: Del romanticismo al surrealismo

Fuente: http://www.rosa-blindada.info/

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