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Arte, Literatura Y Revolución (Camilo Donoso)

I

Cada época en la historia de la sociedad ha tenido una forma particular de producción, con elementos comunes a todas, pero también son distinguibles ciertas particularidades al estudiarlas (Marx, 1964), el arte y la literatura no son una excepción. Mariátegui, en “El artista y la Época” (1925) explica que existen grandes diferencias entre el artista de la sociedad feudal y la capitalista, dice, en relación al artista: “uno es cortesano del señor feudal”, el otro es “cortesano del capitalista[i], en ambos casos existe una subordinación del arte a una esfera de poder y control, una subordinación a una “elite”, a una casta o una clase hegemónicamente dominante. Naturalmente el análisis de Mariátegui parte de la realidad concreta. En “El artista y la Época”, el método empleado, el marxismo, nos muestra una visión integral de la realidad, al mismo tiempo que Mariátegui nos entrega su poesía en una crítica hacia la cultura de su tiempo, una crítica literaria y artística que desborda su cauce inundando la realidad completa.

“La elite de la sociedad aristocrática tenía más educación artística y más aptitud estética que la elite de la sociedad burguesa. Su función, sus hábitos, sus gustos, la acercaban mucho más al arte […] La creación artística constituía uno de los fundamentales fines humanos, en la teoría y en la práctica de la época” (Mariátegui, 1925, pág. 15). La religión y el arte, en el orden social feudal, se organizaban y producían en conjunto, sin embargo, adquiría su finalidad, en la medida en que se relacionaba directamente con sus mecenas, es decir, dependía exclusivamente del juicio y gusto de la aristocracia. “La elite aristocrática se componía de finos gustadores y amadores del arte y las letras. La elite burguesa se compone de banqueros, de industriares, de técnicos. La actividad práctica excluye de la vida de esta gente toda actividad estética” (Mariátegui, 1925, pág. 15).

“En el mundo contemporáneo coexisten dos almas, las de la revolución y la decadencia” (Mariátegui, 1925, pág. 18). La revolución burguesa, es un salto hacia el capitalismo. Pero este salto se funda en la disolución de la base concreta desde donde se impulsa, su base concreta se consume en aquel salto, que es la disolución de las relaciones feudales. La potencia revolucionaria de la burguesía está sujeta a la potencia decadente del feudalismo. Tras haber consumido ya los medios feudales, la revolución burguesa aterriza en el abismo de la decadencia. El capitalismo se funda en la disociación de los productores y sus medios, el trabajador es despojado de sus medios de producción, y su  sobrevivencia se sostiene en la agudización de esta disociación en su actividad reproductiva. El artista también se ve despojado de sus medios de producción, ya que sus obras no son el producto de su mera creatividad abstracta o de su “talento”, el artista es despojado de su medio artístico, de su personalidad y su importancia, despojado de su realidad artística, es despojado también de su campo de acción. Sin embargo, aquel cambio de relaciones sociales abriría un nuevo campo para el arte.

“La distinción entre las dos categorías coetáneas de artistas no es fácil. La decadencia y la revolución, así como coexisten en el mismo mundo, coexisten también en los mismos individuos. La conciencia del artista es el circo agonal de una lucha entre los espíritus. La comprensión de esta lucha, a veces, casi siempre, escapa al propio artista. Pero finalmente uno de los dos espíritus prevalece. El otro queda estrangulado en la arena” (Mariátegui, 1925, pág. 18)

De esta lucha, no solo participa el artista sino, toda la dimensión del arte, y el arte mismo no puede escindirse de la totalidad de las relaciones de las que participa, y se orienta según los intereses que estas relaciones producen hacia la revolución o hacia la decadencia.

Vicente Huidobro pretende que el arte es independiente de la política. Esta aserción es tan antigua y caduca en sus razones y motivos que yo no la concebiría en un poeta ultraísta, si creyese a los poetas ultraístas en grado de discurrir sobre política, economía y religión. Si política es para Huidobro, exclusivamente, la del Palais Bourbon, claro está que podemos reconocerle a su arte toda la autonomía que quiera. Pero el caso es que la política, para los que la sentimos elevada a la categoría de una religión, como dice Unamuno, es la trama de la misma Historia. En las épocas clásicas, o plenitud de un orden, la política puede ser solo administración y parlamento; en las épocas románticas o de crisis de un orden, la política ocupa el primer plano de la vida” (Mariátegui, 1925, pág. 20)

 Esta separación del arte con su realidad política, este esfuerzo por su autonomía, solo orienta la inquietud del arte hacia la decadencia.

“No podemos aceptar como nuevo un arte que nos trae sino una nueva técnica. Eso sería recrearse en el más falaz de los espejismos actuales. Ninguna estética puede rebajar el trabajo artístico a una cuestión de técnica. La técnica nueva debe corresponder a un espíritu nuevo también. Si no, lo único que cambia es el parámetro, el decorado. Y una revolución artística no se contenta de conquistas formales” (Mariátegui, 1925, pág. 18).

Naturalmente, el artista revolucionario, no puede mantenerse en la marginalidad (fuera de la vida política) al que fue arrojado el arte, no puede contentarse apenas con su pequeña libertad, con su pequeña autonomía artística individual, que le ofrece el medio artístico burgués, el artista revolucionario se mancha las manos con arcilla y polvo, en la construcción de un hombre nuevo, de una nueva vida, no para la crítica de los periódicos, sino para todos, principalmente para su pueblo. Siente profundamente la injusticia y lucha heroicamente, dándole vida al polvo y la roca, haciendo esculturas de sentimiento palpable, él le da a sus esculturas de roca, la solides de carne y hueso de su madre proletaria trabajadora, su obra adquiere la tristeza y la dicha de sus hermanos que día a día batallan contra el capital.

“La decadencia de la civilización capitalista se refleja en la atomización, en la disolución de su arte. El arte, en esta crisis, ha perdido ante todo su unidad esencial. Cada uno de sus principios, cada uno de sus elementos ha reivindicado su autonomía. Sección es su término más característico. Las escuelas se multiplican hasta lo infinito porque no operan sino fuerzas centrifugas” (Mariátegui, 1925, pág. 19). Fuerzas centrifugas que no solo marginan al artista de su actividad real y de sus medios productivos, sino que limitan su actividad política exacerbando la individualidad y la competencia en el medio artístico. “Pero esta anarquía, en la cual muere, irreparablemente escindido y disgregado el espíritu del arte burgués, preludia y prepara un orden nuevo. Es la transición del tramonto al alba” (Mariátegui, 1925, pág. 19). Pero el simple anuncio o evidencia de una crisis, no significa necesariamente el advenimiento de un cambio o una fuerza transformadora, debemos ser conscientes de esto, todo cambio de esta índole requiere un grado de compromiso importante.

La crítica y la producción, artística e intelectual, están íntimamente relacionadas en nuestros días y debemos darle una particular importancia al estudio de esta relación. Una distinción importante entre la producción artística e intelectual de las sociedades feudal y capitalista, es la aparición de la prensa. “La crítica no era, en ese tiempo, como en el nuestro, una profesión o un oficio. La ejercía digna y eruditamente la propia clase dominante. El señor feudal que contrataba al Tiziano sabía muy bien, por sí mismo, lo que valía el Tiziano. Entre el arte y sus compradores o mecenas no había intermediarios, no había corredores” (Mariátegui, 1925, pág. 15). Corredores, especuladores, críticos del arte, periodistas y periódicos, en su mayoría controlados por poderosos grupos empresariales, que con su dinero pretenden comprar la conciencia del pueblo. “Sobre la suerte de los artistas contemporáneos pesa, excesivamente, la dictadura de la prensa” (Mariátegui, 1925, pág. 16). En Europa, la dictadura de la prensa comienza a forjarse ya en los inicios del capitalismo, como una fuerza monopólica, donde se reunían los intelectuales burgueses, que “le daban la espalda” a la aristocracia feudal y a la masa no “ilustrada”.

“La crítica europea moderna nació de la lucha contra el Estado absolutista. Durante los siglos XVII y XVIII, la burguesía europea comienza a forjarse dentro de ese régimen represivo un espacio discursivo diferenciado, un espacio de juicio racional y de crítica ilustrada ajeno a los brutales ucases de una política autoritaria. Suspendida entre el Estado y la sociedad Civil, esta «esfera pública» burguesa, como la ha denominado Jürgen Habermas, engloba diversas instituciones sociales -clubes, periódicos, cafés, gacetas- en las que se agrupan individuos particulares para realizar un intercambio libre e igualitario de discursos razonables, unificándose así en un cuerpo relativamente coherente cuyas deliberaciones pueden asumir la forma de una poderosa fuerza política” (Eagleton, 1999, pág. 11).

La prensa, los medios políticos de comunicación masiva, son un aparato de propaganda y publicidad, al servicio de los intereses burgueses, y también, aparatos muy eficaces de censura, en tanto ponen de relieve y reproducen la moral burguesa e in-visibilizando a su vez, los esfuerzos individuales o parcelados de los artistas e intelectuales reaccionarios, que desprovistos de una organización revolucionaria real (como un frente único de artistas e intelectuales proletarios y revolucionarios, y mucho menos un partido revolucionario) no cuentan con medios para hacerles frente y entrar en la disputa hegemónica por el poder.

“Los periódicos pueden exaltar al primer puesto a un artista mediocre y pueden relegar al último a un artista altísimo. La crítica periodística sabe su influencia. Y la usa arbitrariamente. Consagra todos los éxitos mundanos. Inciensa todas las reputaciones oficiales. Tiene siempre muy en cuenta el gusto de su alta clientela […] Los managers del arte y de la literatura tienen en sus manos todos los resortes de la fama. En una época en que la celebridad es una cuestión de réclame, una cuestión de propaganda, no se puede pretender, además, que sea equitativa e imparcialmente concedida” (Mariátegui, 1925, pág. 16).

 Esta conducta anti-democrática, no es una particularidad de la época capitalista, los feudales artistas gustaban también de los salones aristocráticos lejanos de las masas. Esto ocurre también entre los pseudo-intelectuales de izquierda, que reproducen hasta hoy el mito de la ilustración. Estos “intelectuales” se levantan hoy contra el pueblo como una “torre de marfil”[ii] una torre casi medieval de arrogancia, soberbia y auto-complacencia,  en realidad, son un montón de engreídos de pocas luces.

He tenido el desagrado de escuchar y leer últimamente, muchos comentarios y opiniones funestas, que quieren pasar por estudios serios o argumentos lógicos. Por ejemplo, el otro día en un periódico de izquierda (que cuesta cinco veces más caro que un diario popular de ultra derecha) uno de estos chiquillos intelectuales escribió un artículo sobre “El Capital” (en conmemoración a los 150 años de esta obra) su análisis me pareció interesante hasta el punto en que hablaba del “fetiche en la mercancía”, donde hacía alusión de una forma bastante despectiva a nuestro Pueblo, el criticaba y condenaba el legítimo derecho de un poblador a tener una mejor calidad de vida y adquirir bienes de una calidad decente, en este caso, las famosas zapatillas Nike air, pero claro, éste “intelectualillo” difícilmente deja su escritorio para estirar las piernas y salir a mirar lo que realmente sucede en la calle, no sabe, no conoce el verdadero valor de una zapatilla Nike shock, una zapatilla de Runing, una zapatilla costosa Marca Asics, es que estas zapatillas pueden hacer la diferencia cuando el lumpen proletariado que estos intelectuales tanto desprecian enfrentan a la policía o destrozan los bancos que nos roban el pan y luego naturalmente tienen que salir CORRIENDO, porque no tienen los lujos autos que tienen los intelectuales de izquierda. Lo que estos hombres y mujeres de pocas luces no entienden:

Un pueblo.

Es más que un pueblo.

Es un puñado de sueños donde el pueblo

Levanta el puño por amor al pueblo.

 (Romero, 1973)

 

Analicemos el artículo en cuestión, este artículo fue publicado el 06 de enero de 2017, en el periódico “Punto Final”, en conmemoración a los 150 años de “El Capital”, aquí les muestro un fragmento:

“Un país fascinado por el fetichismo del dinero y la mercancía: A los economistas funcionalistas y neoliberales les es imposible explicar un fenómeno que ocurre a cada instante ante sus ojos. ¿Cómo es posible que objetos y mercancías cuyo “valor de uso” es tan bajo, incrementen su “valor de cambio” hasta niveles absurdos, por razones inexplicables? Por ejemplo, producir en China un par de zapatillas Nike Air no supera los 1.800 pesos chilenos. Pero en nuestras multitiendas se venden a 45.000 pesos. ¿Qué es lo que realmente se está vendiendo ahí? ¿Un calzado o un fetiche mágico? Para Marx no hay duda: es un fetiche, en el sentido duro del término. Un fetiche es un objeto al que se le atribuyen poderes mágicos o sobrenaturales que benefician a su dueño o portador.
El comprador del fetiche Nike cree firmemente que al usarlas se le reconocerá de otra manera. Si es un joven poblador se le abrirán puertas cerradas en las mentes y corazones de quienes le observen. La mujer que compra un bolso Louis Vuitton cree entrar por un instante en un paraíso de elegancia, bienestar, admiración. El futbolista que compra el último Ferrari vive un éxtasis de autoestima increíble. Pero a los pocos días el poblador descubre que sus Nike no le eximen de la detención por sospecha, la señora descubre que el Louis Vuitton no le protege de los chismes de sus amigas y el futbolista se da cuenta que su nuevo auto no es más que alimento para los periodistas de farándula. Por lo tanto, los objetos anhelados pierden su poder mágico, y hay que volver a comprar otros que los sustituyan.” (Ramis, 2017)

Evidentemente, estos intelectuales no muy inteligentes de pseudo-izquierda, en el fondo de sus corazones y no muy en el fondo también (porque resulta algo evidente) son pequeños burgueses que quieren hacer de su oficio una “clase-elite” y se interponen entre el pueblo y la revolución, su espíritu naturalmente corresponde al espíritu de la decadencia, no al de la revolución. Hablando de los automóviles de los futbolistas, ellos mismos se sitúan como periodistas de farándula, y desvían la atención hacia cosas superfluas. Estos burócratas de la prensa, son a su vez, burócratas del sector público, responden a una estructura compleja de relaciones. Dependen en gran medida de otras instituciones públicas, que juntas garantizan una cierta “estabilidad política” que permita la inversión, sin mayores exabruptos, de los capitales extranjeros y nacionales. Podemos a partir de aquí , detectar similitudes en la organización político-económica de los diferentes países que conforman Nuestra Patria Latinoamericana, Lloyd Best escribió respecto de la situación caribeña “Dentro de la administración pública (incluyendo las universidades financiadas por el gobierno) surge un conjunto de burócratas lacónicos, tecnócratas y cuadros de relaciones públicas untuosas que exige un precio alto en prebendas como prerrequisito por hacer bien un servicio limitado de tareas y por permanecer fuera de la ‘política’” (Best, 1967, pág. 5). Estos tecnócratas no solo son técnicos-periodísticos del sector público, sino que además pretenden, dicen, ser de Izquerda (esta vez lo escribí mal, porque así lo pronuncio yo, “Izquierda” es muy siútico). Hablan del Marxismo como si fuera una religión y ellos fueran los sacerdotes, pero solo desprestigian La ciencia Marxista, con sus petulantes discursos que transforman una teoría revolucionaria (el marxismo), en una teoría de farándula. No pueden ser más despreciables.

El esfuerzo humano

no es ese hermoso y sonriente joven

erguido sobre su pierna de yeso

o de mármol…

 

El esfuerzo humano lleva braguero

y cicatrices de los combates

librados por la clase obrera

contra un mundo absurdo y sin ley

El esfuerzo humano carece de verdadero hogar

huele a trabajo

y tiene los pulmones manchados

su salario es magro

y sus hijos también

trabaja como un negro

y el negro trabaja como él

El esfuerzo humano no sabe de buenos modales

el esfuerzo humano no tiene la edad de la razón

el esfuerzo humano tiene la edad de los cuarteles

la edad de los presidios y las prisiones

la edad de las iglesias y las fábricas

la edad de los cañones.

 (Prévert, 1973, págs. 19-20)

 

II

El artista es, a su manera (definitivamente a su manera, una manera muy particular), un servidor público. Roque Dalton, ensaya muy bien esto:

“He dicho que soy un poeta que, en lo referente a la militancia política, actúo dentro de las filas del Partido Comunista. Pero este hecho indica solamente que existe en mí una preocupación social, al tiempo que evidencia el contacto directo con la organización que en forma más satisfactoria interpreta los fenómenos sociales. De todo ello me nace una responsabilidad ante la lucha de los hombres. Mas esta responsabilidad la cumplo principalmente en el trabajo específico de Partido, en las acciones concretas de la Revolución. Mi poesía, además de salvar esa responsabilidad con sus medios particulares, persigue otros fines, se convierte en otra cosa diferente a un mero instrumento ético, desde que la fuerza de la imaginación, entre otras cosas, interviene. La imaginación, por ejemplo, hace que la realidad se vea enriquecida y en esas circunstancias su expresión solamente les otorga un conocimiento primario de lo real- que podría bastar para su lucha por la libertad- sino que los pone en contacto con los aspectos verdaderamente trascendentes, podríamos decir, eternos, de esa realidad. Aquí cabria apuntar además la función de ‘hacer mejor al hombre y la naturaleza’ que tienen el arte y la literatura. No hay que olvidar por otra parte que incluso para perseguir el fin político (logro de la toma de conciencia sobre sí mismo y sus necesidades por parte del pueblo) la poesía o el arte deben hacerlo con sus medios particulares, es decir, artísticos, más eficaces en cuanto artísticamente capten mejor la realidad que se necesita expresar.” (Dalton, 2010, págs. 172-173)

La tarea fundamental del poeta revolucionario, es la agitación, es incitar al pueblo a “elevar la rebeldía contra la opresión popular” (Dalton, 2010, pág. 175), la tarea de un poeta revolucionario parte por asumirse como un cuadro de la revolución, esto naturalmente conlleva responsabilidades y compromisos que en la medida que se cumplan alimentaran de contenido a la figura del artista revolucionario en la escena pública. Ser un Poeta de la Revolución es disputar en el campo de acción de la “cuestión pública” o las “relaciones públicas”, un espacio diferenciado del medio burgués, pero no compitiendo contra el arte de la burguesía, sino combatiéndolo, porque solo de sus cenizas se levantará la voz del pueblo con su poesía de futuro y justicia. El poeta no solo disputará el concepto estético abstracto, disputara una visión del mundo, combatirá la ideología burguesa con la espada de su poesía.

“La labor creadora del poeta comunista, creo que es evidente, tiene varios niveles. Según las necesidades cotidianas de la lucha, el poeta sumergido en el partido de los trabajadores y los campesinos tendrá que elaborar ágiles consignas de agitación, coplas satíricas, poemas que inciten a elevar la rebeldía contra la opresión antipopular. ¿Hasta dónde el resultado de esa labor es poesía? Hay casos extraordinarios, pero en general el resultado suele ser desde el punto de vista de la forma sumamente pobre, aunque en el terreno histórico-político puede llegar a ser, según las circunstancias, de inmenso valor.” (Dalton, 2010, pág. 175)

Pero este poeta debe estar sumergido, en la realidad de lucha; en la batalla nacen los guerreros.

No significa que nunca deba reír o tomarse una cerveza, o que no deba ser un estúpido en ocasiones como todo el mundo. El poeta no debe ser la voz del pueblo, sino el pueblo mismo hablando, el pueblo haciendo la revolución. El poeta debe recordar siempre y tener muy claro que:

 “Si examinamos las relaciones entre el escritor y la revolución, entre el intelectual y el socialismo, entre el creador y las masas, estamos obligados a partir del hecho de que el socialismo, la revolución las masas, son cuestiones concretas y no entidades abstractas, y que el creador es asimismo un ser concreto y no una entelequia” (Dalton, 2010, pág. 217).

Por tanto, debemos siempre analizar cuidadosamente todas las situaciones o circunstancias, en que el artista deberá cumplir con sus tareas. Y debemos elaborar las estrategias necesarias para que el trabajo intelectual y artístico de nuestra clase tenga la difusión necesaria a fin de promover y elevar la cultura de nuestro pueblo. Sirviéndonos del marxismo-leninismo podemos identificar los problemas reales y particulares para cada país en el proceso de lucha de liberación nacional. Así también, valiéndonos de este método podremos identificar las similitudes de cada contexto, por ejemplo, la explotación colonial de los diversos países de nuestra América, por ejemplo, Lloyd Best, dirá que el elemento económico-cultural común para los países del caribe es “la variante ‘plantación de azúcar’ de la mente colonial.” (Best, 1967, pág. 1)

Los intelectuales y artistas que se alejan de las masas tienen que entender que la revolución solo la hacen los pueblos.

“Es bueno recordar, por ejemplo, que ante los centenares de proposiciones utópicas del socialismo hay un solo socialismo real: el que se construye bajo la dirección de la clase obrera y se basa en las alianzas que determinan la situación social dada (normalmente la alianza obrero-campesina). No hay un socialismo de los intelectuales, como no hay un socialismo de los militares o de los estudiantes o de los curas” (Dalton, 2010, pág. 217).

Para que no quede ninguna duda “Los grupos sociales derivados pueden, en uno u otro momento del proceso, formar parte más o menos importante y decisiva de la vanguardia concreta de lucha revolucionaria, pero lo que se llama revolución socialista es cuestión de la clase obrera” (Dalton, 2010, pág. 217).

“Honor del poeta revolucionario: convencer a su generación de la necesidad de ser un revolucionario hoy, en la época dura, la única que da posibilidades de ser sujeto de epopeya. Ser revolucionario cuando la revolución ha eliminado a sus enemigos y se ha consolidado en todos los sentidos, puede ser, sin dudas, más o menos glorioso y heroico. Pero serlo cuando la calidad de revolucionario se suele premiar con la muerte es lo verdaderamente digno de la poesía. El poeta toma entonces la poesía de su generación y la entrega a la historia.” (Dalton, 2010, pág. 179).

Quien pueda sumergirse realmente en el qué hacer revolucionario del pueblo, quien pueda aprender más eficazmente cuáles son las necesidades de nuestro pueblo, entrará en el camino victorioso de la revolución. “El Pueblo es el único Maestro” dijo Mao. Los intelectuales y Artistas de la revolución deben aprender del pueblo, sino su trabajo será en vano (Tse-Tung, 1968). Roque Dalton, es un ejemplo de cómo debe ser un revolucionario, nosotros debemos aprender de su ejemplo.

 

III

A Roque Dalton

 

Cantos de revolución entonaste

¿Cuantas veces?

Con alas de paloma

frente al mar

caminaste sobre la arena.

Entre la multitud

fuiste una sonrisa

en el rostro de algún

desconocido.

Con la pluma y el fusil

armaste líos,

amaste y defendiste a tu Pueblo.

Como un Barrabás

Ibas y venias de las prisiones,

Entre condenas inconclusas

Por la gracia de Dios,

como aquella vez

cuenta Aida,

cuando te encarcelaron

en el sesenta y cuatro

y alguien rasgo las paredes

para que tú volaras

con tus alas de ángel,

tus alas,

que eran:

una pluma y un fusil.

 

 

IV

El sectarismo de los intelectuales y los artistas reaccionarios, no solo los enajena fuera del camino de la revolución victoriosa, sino que en un proceso de doble disociación se divorcian ellos del pueblo y disocian al pueblo de sus medios de producción artísticos e intelectuales.

“La publicidad, los escaparates, la prensa, los congresos, los concursos, pasan a ser los ojos elaboradamente ingenuos del escritor enajenado, una plataforma de medios al servicio de su creación. La trampa, es por tanto, múltiple, muchas veces no basta con cobrar conciencia de ello (el gremio es reconocidamente lúcido) para comenzar a liberarse. Incluso se dan casos en que la enajenación se vuelve más aguda en cuanto más crítico y progresista (dentro de los limites acordados, bastante más amplios en cuanto el subdesarrollado desarrollo afina su dominio) ha sido el escritor, pues a su respecto esa es la prueba ultima de la <<imparcialidad>>, de la <<libertad>>, del <<juego democrático>> que esta supuestamente en la esencia de la sociedad capitalista. He ahí el peligro de que siga operando incluso después de un cambio social revolucionario en la cabeza de las personalidades burguesas que apoyaron la lucha popular en esos medios y a través de esos medios. La creencia en la supuesta autonomía de la intelectualidad es la base ideológica que explica una serie de características costumbres y actividades como capa social. Su peculiar espíritu de secta, por ejemplo, tan similar al que existía entre los gremios medievales y que es dable estudiar en los comienzos de la organización del movimiento obrero, del movimiento obrero latinoamericano específicamente, cuando el sector más importante y más activo de sector estaba formado por los artesanos citadinos. Como quiera que los escritores concurren al mercado en la sociedad capitalista en tanto que productores individuales, y en tanto que el sistema se esfuerza por mantenerlos en trance de una individualidad enajenada, el espíritu de secta de la intelectualidad surge de una contradicción básica” (Dalton, 2010, pág. 223).

 No existe pues, como advertíamos antes, la producción intelectual y cultural fuera de la Cultura (fuera de su contexto económico, cultural y político, no existe fuera de la lucha de clases), es decir, tiene el potencial de ir más allá de los límites que su propia realidad le impone, esa es la potencia de la imaginación. Pero esta imaginación se vuelve impotente cuando se le quiere conceder una especie de autonomía de “la realidad” que transforma (o pretende transformar). La obra artística o intelectual que pretende afirmar que su origen se funda en el “talento individual” de “tal” o “cual” y no en su contexto histórico, la obra artística o intelectual que niega de las relaciones sociales que le dieron origen, es una obra que pretende afirmarse en el aire, y termina por convertirse en una obra vacía. No vacía porque pretenda no apropiarse de nada, no es que pretenda no transformar nada, lo que sucede, es que enajenada de la realidad social, se aleja de la única fuerza realmente creadora de la Historia, la fuerza del proletariado. Existen una serie de instituciones que se interponen entre el reducido grupo intelectual pequeño burgués que aspira a ser revolucionario (a veces) y el pueblo (única fuerza realmente revolucionaria). La pequeña burguesía intelectual y artística se encuentra, en este sentido, igual de explotada y oprimida que el proletariado y en la conciencia de este hecho radica la posibilidad de su superación. Efectivamente, la pequeña burguesía intelectual es incapaz de imponerse en el campo cultural frente a la gran industria cultural de la burguesía nacional e internacional. Es incapaz de tomar el control de las instituciones educativas, culturales, publicitarias, etc. es incapaz de tomar para sí y mucho menos para el pueblo y la revolución, los medios masivos de comunicación a fin de facilitar el desarrollo de nuestra cultura popular (ni siquiera la cultura que pretenden construir desde sus pupitres). Los vanidosos intelectuales y artistas pequeño burgueses no son dueños ni de los papeles en que amontonan sus palabras. Solo uniéndose a las causas del pueblo, solo tomando su bandera de revolución, solo entendiendo y aprendiendo del pueblo, los pequeños burgueses intelectuales podrán conquistar su libertad. Nosotros no los necesitamos, ellos nos necesitan a nosotros y si no toman una decisión pronto y toman posición dentro de esta lucha, el pueblo tomará la iniciativa (porque es apremiante) porque a cada día que pasa sumergido en la injusticia, avanza el pueblo hacia la victoria popular.

 

 

V

Oda al partido comunista de mi país

 

El partido comunista de mi país está lleno de burgueses que no son comunistas.

El partido comunista, lo que menos tiene son comunistas.

El partido comunista de mi país, hace tiempo que dejo de ser comunista.

Recabaren fue uno de los primeros, en la lista de asesinados por el partido comunista de mi país.

El partido comunista de mi país lo que menos tiene son comunistas.

Recabaren fue un comunista de mi país, que fundo junto al Pueblo el partido comunista de mi país.

Los Proletarios de mi país, son tan proletarios que hasta les robaron el partido:

“La llamada acumulación originaria…” dijo Carlos Marx “… no es, pues, más que el proceso histórico de disociación entre el productor y los medios de producción”

En un acto de horrorosa acumulación originaria, les robaron el partido comunista de los proletarios, a los proletarios de mi pueblo, disociación de los productores de la revolución y la revolución; la emancipación de los pueblos (nuestra revolución).

Pero los proletarios de mi país son tan comunistas, que no necesitan un partido comunista.

Son comunistas muchas veces sin saberlo, les dicen compañeros a sus compañeros del trabajo cuando comparten el pan a la hora de colación y no se fían del partido comunista que les quiere robar el pan.

Comunismo y Partido Comunista no podrían significar cosas más diferentes en mi país.

El partido comunista de mi país, lo que menos tiene son comunistas, porque a los comunistas de verdad ellos los detestan.

El partido comunista de mi país entregaba comunistas del Frente Autónomo a los verdugos del capital en la dictadura cívico-militar de Pinochet y la junta de militares del gobierno (que trabajaba para la CIA)

El partido comunista de mi país, hoy es parte del gobierno y mata Mapuches que son proletarios también, porque los despojaron de todo lo que conocían y de sus tierras y les despojan hasta de sus vidas, a punta de balazos.

Los comunistas de mi país, tenemos que unirnos, en un Partido Comunista verdadero, el partido de la revolución, el partido de los pueblos, el partido de los proletarios; Un Partido para Vencer.

 

 

VI

Resulta evidente, al analizar el comportamiento de la pequeña burguesía nacional, por ejemplo, el comportamiento del Partido Comunista (vale para todos los partidos de la izquierda nacional) que le han dado la espalda al pueblo, resulta (al final) que poco podemos confiar en la pequeña burguesía nacional que en las últimas décadas solo ha afianzado su alianza con la burguesía nacional e internacional y con el capital financiero internacional. No podemos confiar en los intelectuales pequeños burgueses que han demostrado tal flaqueza moral, una horrorosa e imperdonable inmoralidad.

“Independientemente de que todas estas peripecias suelen ser muy divertidas e incluso pueden ser tomadas por muchos como <<la sal de la vida >>, lo peligroso, repetimos (y no precisamente para adoptar un tono poético), es que la enajenación básica de la cual son simples manifestaciones, siga operando en el seno de la intelectualidad aun después de un cambio social revolucionario, anticapitalista” (Dalton, 2010, pág. 225).

Resulta que la esfera pública en la que habita el intelectual pequeño burgués (universidades, periódicos, ministerios) es parte del Estado.

“La experiencia de las revoluciones de este siglo nos suele demostrar, y creemos que la Revolución Cubana no fue una excepción. Cuando la revolución rompe, se apodera de y transforma el aparataje que sirve a las necesidades del mercado capitalista en la industria de la expresión del pensamiento (por así decirlo), la capa de los productores intelectuales no suele advertir que ha habido un cambio de propietarios. Muchos siguen pensando en su autonomía (que nunca existió, pero que les fue cuidadosamente inventada), perfectamente convencidos de que siempre fueron por si mismos una especie de frente de poder independiente, basado en el talento, el romanticismo moral, etcétera” (Dalton, 2010, pág. 225).

 Nuestro esfuerzo no se trata de sustituir los viejos intelectuales, por otros nuevos que reproduzcan sus vicios, no se trata tampoco de tomar el Estado y sustituir sus funcionarios por nuevos burócratas, no se trata de tomar la Universidades, sino de destruir sus muros. Se trata de destruir el Estado y construir un mundo nuevo.

A modo de conclusión general, podemos decir que es preciso que demos un paso a la izquerda y sobrepasemos las viejas instituciones de la “izquierda” burguesa. El Pueblo es perfectamente capaz de proveernos de intelectuales y guerreros (los mejores, sin ánimo de parecer vanidoso aquí está su humilde servidor). Es preciso que Artistas e Intelectuales y, por supuesto, el proletariado nos unifiquemos en un Partido Comunista Revolucionario Único, a fin de poder hacer frente a los grandes poderes empresariales, a los grandes poderes del capital financiero nacional e internacional. Hasta ahora nuestros esfuerzos parcelados no han conseguido ninguna gran victoria y no la conseguiremos a menos que nos unifiquemos. Así mismo, no podemos disputar un espacio diferenciado dentro del medio social (ya explicamos la importancia de esto) para el desarrollo de nuestra cultura y nuestro arte, con el fin de promover la toma de conciencia del pueblo de sí mismo y sus necesidades, poniendo de relieve la necesidad de la revolución. Sin partido revolucionario no hay revolución. Cualquier intento de revolución que no apunte a la conformación de un partido revolucionario es un esfuerzo en vano.

 

Camilo Donoso Carrasco

[i] “El arte depende hoy del dinero; pero ayer dependió de una casta. El artista de hoy es un cortesano de la burguesía; pero el de ayer fue un cortesano de la aristocracia. Y, en todo caso, una servidumbre vale lo que la otra.”(Mariátegui, 1925, pág. 17).

[ii] “La Torre de Marfil fue uno de los productos de la literatura decadente. Perteneció a una época en que se propagó entre los artistas un humor misántropo. Endeble y amanerado edificio del decadentismo, la Torre de Marfil languideció con la literatura alojada dentro de sus muros anémicos. Tiempos quietos, normales, burocráticos, pudieron tolerarla. Pero no estos tiempos tempestuosos, iconoclastas, heréticos, tumultuosos. Estos tiempos apenas si respetan la torre inclinada de Pisa, que sirvió para que Galileo, a causa tal vez del mareo y el vértigo, sintiese que la tierra daba vueltas” (Mariátegui, 1925, pág. 25)

 

 

Referencias

Best, L. (1967). Pensamiento independiente y libertas caribeña. New World Quaterly, 3(4).

Dalton, R. (2010). De/Sobre Roque Dalton. La Habana: Casa de las Américas.

Eagleton, T. (1999). La función Crítica. Barcelona: Paidós Ibérica S.A.

Mariátegui, J. C. (1925). El artista y la Época. Lima: Amauta.

Marx, K. (1964). Introducción general a la crítica de la economía política. México D.F: Siglo veintiuno editores.

Prévert, J. (1973). El esfuerzo humano, Poesía Combatiente. Santiago: Editora Nacional Quimantú.

Ramis, Á. (06 de 01 de 2017). “El Capital”, más actual que nunca. Obtenido de Punto Final: http://www.puntofinal.cl/868/marx868.php

Romero, E. (1973). Poesía Combatiente. Santiago: Editora Nacional Quimantú.

Tse-Tung, M. (1968). Obras escogidas de Mao Tse-Tung. Pekin: Ediciones en Lenguas Extranjeras.

 

 

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